martes, 7 de abril de 2015

Salvaje Montoya presentan "Rompiendo la Yuca" en Barcelona el 11 de abril


Salvaje Montoya

presentan "Rompiendo la Yuca" el 11 de abril en Sidecar (Barcelona) junto a Opatov
Si From Dusk Till Dawn se hubiera hecho en Barcelona y se hubiera rodado en un garito de la Zona Franca, la banda sonora no sería de Tito & Tarántula sino de los Salvaje Montoya. Son ratas de la misma cloaca: carmín corrido, divinidades de barrio, mitos sacados de la manga, aires fronterizos, sensuales atmósferas latinas de tres al cuarto, muy poca vergüenza y mucho, mucho rocknroll, del de verdad, del que sale de las entrañas, estrangula las frustraciones, hace bailar a las mujeres maduras, revienta escenarios y orejas, y obliga a menear al respetable hasta el paroxismo.

Salvaje Montoya no tienen nada y por eso lo dan todo: sólo quieren hacerse los chulos y desbarrar hasta que puedan, sacarle todo el jugo posible a los riffs rompepistas que se les ocurren, cuales The Sonics de barriada, jugar a partirse la cara y olvidar la puta rutina que a todos se nos come, meterle palos en las ruedas con versos como «cuando llegue el juicio final, en tus nalgas habrá un vacío legal» o bien «caes de morros y te crees que vuelas, hiciste la conga en el precipicio: eres la leyenda local…» o este deliciosamente asqueroso «saborea el canapé resbalando por sus tetas.»


Después vendrá lo de que se te baje la borrachera, lo de pedir perdón al día sigui-ente cuando el sol asoma, junto el arrepentimiento. El sueño de una doble vida que se desdobla en sí misma hasta que el infinito diga basta; como aquel inglés que se gastó once millones de euros en alargar la noche y cuando despertó solo pudo claudicar con lo de: «La fiesta ha terminado. La vida debe continuar... »

Rompiendo la Yuca, el segundo disco de los Salvaje Montoya tras su debut hedonista Boda Rumana (BCore/Mama Vynila, 2013), es media hora concentrada de ritmos endemoniados, un triturado de alta graduación a base de Los Peyotes, Siniestro Total, Thee Oh Sees y Guadalupe Plata, para bailar con zapatos relucientes y pupilas dilatadas que buscan sin parar nalgas a tiro de la calentura imparable que provocan los Salvaje Montoya: cuatro tíos “normales” -como Clark Kent- que de noche se ponen las mejores camisas para desgarrarlas rápidamente y dejar bien alto el estandarte del rocknroll más irresponsable y deslenguado. ¡Larga vida a los salvajes!
Texto: Martí Sales





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